Osaka, Chiba, Gunma, Kanagawa, Tokio... hipódromos, pueblos de aguas termales y la ribera del río... a través de *Hanabi*, Kawauchi se dirige allí donde surcan el cielo los fuegos artificiales. La brisa de la noche estival, los niños corriendo por la orilla, las nubes que traen chubascos pasajeros, el aroma agridulce de las manzanas que llega desde los puestos callejeros: una belleza impregnada de una inquietante melancolía. Nos dejamos cautivar por una danza de luces y colores y, en un abrir y cerrar de ojos, esta fiesta elegante y sensorial llega a su fin. Uno se pregunta: ¿qué vio Kawauchi en los fuegos artificiales y qué es lo que se esconde más allá de ellos?